Animales Acojonantes - MANTIS RELIGIOSA

Mantis religiosa

Desde que empezaron a comentarse los peculiares hábitos de apareamiento de la mantis religiosa, se suscitaron los miedos impúdicos de los machos de todas las especies. Como si no se hicieran cosas peores en la naturaleza. Ahora, con el tiempo, aclararemos un par de conceptos que motivaron el equívoco. No es cierto que la hembra de la mantis religiosa devore siempre al macho tras la cópula. Tampoco es cierto que sólo lo devore si no le gusta lo que le hace. Dos horas dura el acto sexual, toqueteos, abrazos, ven aquí, al que la pareja se abandona.

Así ambos, dejando a un lado su habitual rezo, se entregan el uno al otro. La hembra, en previsión del desgaste que le exigirá el proceso de gestación, toma la palabra del amante y lo devora. Se lo come si lo pilla, ahí está la clave. Rara vez lo agarra en campo abierto, aunque sí durante los experimentos en cautividad, sin escapatoria posible.
En plena naturaleza, terminado el festival, el macho brinca y se va por patas antes de que le dé tiempo a decir “ya te llamaré”.
¿Hay, de todos modos, mayor morbo que el de enfrentarse a esta femme fatale? Arriesgar la vida por un instante de pasión aislado.


Por lo demás, la mantis es limpia y se cambia de muda frecuentemente. No es venenosa, aunque le diga a todo el mundo que sí, que es muy amarga. Lo hace para que los pájaros, en caso de duda, prefieran no comérsela.
Ella, por su parte, caza inmisericorde quedándose quieta, capturando al resto de insectos imprudentes, dados a revoloteo atolondrado.

Le gusta:
- Leer los pasajes escabrosos de la Biblia en sus años de internado católico
- Jugar con la comida
- Chatear

No le gusta:
- Los refranes
- El compromiso
- El mal sabor de boca que dejan algunas relaciones

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